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domingo, 27 de mayo de 2018

Domingo, 27 de Mayo

Valle de Esteban

Rayos
Todo es abanico.
Hermano, abre los brazos

"Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo"

DOMINGO, 27 DE MAYO

En aquel tiempo los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
 
–Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Mateo 28, 16-20

sábado, 26 de mayo de 2018

A la sombra


Juan Huarte de San Juan
 
Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Amaneció el fin de semana en Madrid, y parecía de noche.

    –Mejor, así pelearemos a la sombra –respondió el espartano Dienekes al emisario de Jerjes que amenazó con cubrir el cielo de flechas persas, si los muchachos de Leónidas no se rendían.
    
La sombra es el puente aéreo Madrid-Kiev de los poetas de la Final, que vienen de cantar los derechazos de Julián López en Las Ventas (¡no diga derechazos, diga redondos de ternera!) y que van a cantar los golazos de Cristiano en el Estadio Olímpico de Ucrania.
    
La literatura española, se quejaban los catalanistas decimonónicos, tiene la fatalidad de ser casi enteramente madrileña: la preponderancia gubernativa da origen a la preponderancia literaria, todos repentistas.

    –La mejor alabanza que en Madrid se le puede hacer a uno es llamarle “listo” y “hombre de chispa”, y sí, todo el talento se gasta en chispazos.
    
Toros y fútbol hacen que en la lírica política el arte pierda lo que gana el artificio. Y con Rajoy aculado en tablas, Rivera, que cursó el mismo máster en charlatanería que Obama, ejerce ya en el periodismo la misma influencia que Naharro en el teatro: suprime las barbas de estopa mariana, “a la vez disfraz y careta del cómico”, e introduce en la escena los desafíos y las batallas para dar interés al argumento.

    –¡Habla tan bien…! –suspiran los liberalios en la cola nueva.
   
Como aviso a navegantes, “Pompeius” traía a colación a Mahoma, que en el Corán admite que nada le hace temer más por el porvenir de su raza que la predilección que tiene por los habladores, y a un humanista de Saint-Jean-Pied-de-Port, Juan Huarte de San Juan, que escribió un “Examen de ingenios” cuyo capítulo noveno se titula: “Donde se prueba que la elocuencia y policía en hablar no puede estar en los hombres de grande entendimiento”:

    –Una de las gracias por donde más se persuade el vulgo a pensar que un hombre es muy sabio y prudente es oírle hablar con grande elocuencia.
    
Todo lo contrario, dice, que Sócrates y San Pablo.

San Isidro'18. XV de Feria. El Camaleón da un agua a Julián en lo suyo, el neotoreo, con guirlaches de Cuvillo

 Naumaquia



José Ramón Márquez

 ¡Vaya corrida para los toreros que ha echado hoy el Cuvillo! Vaya corridón, para el que en el toro busque la “toreabilidad”, esa condición del ganado de lidia que le hace ir e ir y repetir y repetir como yo repetía los cursos del Bachillerato. Uno ya no se entera de la Misa la media, pero esto que ha hecho el del Cuvillo es realmente extraordinario, que para la corrida de los figuras, la de Ferreras, Manzanares y Talavante, haya mandado, para ese cartel de toreros ricos o medio ricos y ahítos de jamón de pata negra, una corrida marcada por las indelebles señas de la blandenguería, el nulo interés por la cosa equina y, en general por el mundo de los picadores y la falta de ideas, y hoy, para el cartel de los “mataos”, mande una corrida que se mueve sin apenas blandenguería, que manifiesta  cierto  interés por la cosa equina y que se empeña en unas incesante persecución de las telas, que demuestra su entrega total a lo que se le diga, y su poca exigencia para sus matadores y que propone un más que notable colaboracionismo al servicio de las obras de arte que se presupone que los del estoque puedan realizar sobre bases tan sólidas.

Del megamix de sangres que conforman la cosa del Cuvillo hoy les tocó venir a Madrid a Barredor, Cacareo, Comilón, Licenciado, Pajarito y Galiano, números 42, 166, 105, 26, 40 y 29, cuya suma da 408, por si algún cabalista quiere encontrar algún  rollo esotérico que explique el resultado ganadero de la tarde. Bueno, para ser exactos habría que cambiar donde pone Comilón y el número 105 por Acoplador y el número 24, que son las señas que se corresponden con el sobrero del Conde de Mayalde que hizo tercero. En ese caso avisamos que la suma da 327, que es otro número perfectamente inútil, como el anterior,  pero que puede servir a alguien para hallar cosas ocultas e insondables.

La cosa es que hoy Cuvillo echó una corrida de ésas que decimos que “se le caen las orejas” y el hecho de que los tres actuantes no hayan conseguido un triunfo total e indiscutible les deja en muy mal papel, porque con el ganado de hoy los tres toreadores deberían haber abierto la Puerta Grande de Madrid con doce orejas en sus manos, lo cual habría constituido un momento único e histórico, que es lo que el hombre contemporáneo busca vivir con más ahínco. Hoy un joven mayoral se vino a Madrid con la Betacam a rodar toda la lidia y muerte de los seis cuvillos, como es costumbre en esta vacada, que se ve que el de más edad se lía con lo del Balance de Blancos y el amo Joaquín, que apuesta de manera tan decidida por las nuevas tecnologías, está moviendo el banquillo.
Para hoy estaba prevista la venida a Madrid de Juan Bautista, López Simón y Ureña, pero este último no pudo venir por haber tenido un percance en los campos de la Alcarria, en una ganadería de tercera, donde una vaca más mansa que La Vaca que Ríe le ha ocasionado un serio quebranto en sus vértebras, lo cual habla más de los que están cercas de Ureña que de la vaca o de la propia ganadería, que le mandan al campo en vísperas de su vital compromiso en Madrid de donde lo tienen que repatriar a Guadalajara en una ambulancia con destino a la UVI. Unos genios.

La sustitución de Ureña la pilló Talavante, que no debía estar en absoluto feliz con su resultado isidril, tras no rascar bola en los cuatro toros que llevaba por delante. Para hacer un poco de mofa recomendamos al lector desocupado que lea en los medios de comunicación serios lo bien que estuvo Talavante en sus dos comparecencias precedentes, y que calibre lo rápidamente que se aprestó a tomar la sustitución de Ureña, a ver si a la tercera iba la vencida, para ver el abismo que hay entre las cosas que se escriben por ahí, el realismo mágico e interesado de la prensa seria,  y la realidad. La cosa es que al romper el paseo, se inició un espontáneo aplauso dirigido por el inefable Faustino, el exégeta de Conchi Ríos, para Talavante, acaso para subrayar sus fracasos en los cuatro toros precedentes, o vaya usted a saber por qué, que las razones profundas de Faustino sólo él las conoce. Quede constancia de que junto a mí, una pareja de deliciosos y educadísimos italianos secundaron el desinteresado aplauso del ex concejal de Guadalix.

Y salió Juan Bautista y llegó la lluvia. Juan Bautista es un chamán, un Rain Man, un hombre al que se debe ofrendar vino, como a la mujer de la canción:
“Wine for the woman who made the rain come…”

Juan Bautista es un médium de la meteorología, una rogativa, una promesa de líquido, una jaculatoria a Tláloc firmada por Octavio Paz:

“…aguas petrificadas,
El viejo Tláloc duerme, dentro…”

 Juan Bautista sólo se manifiesta en lo líquido y lo líquido hace torero a Juan Bautista. Lo líquido le saca a hombros en Madrid en su momento de mayor éxito y le acompaña en los días y las horas de su presencia. Juan Bautista debería siempre, como hoy, vestir de azul, de tantos azules, del color del agua, y ver, con Borges, “que los rostros pasan como el agua”, él que se manifiesta en agua y, a su vez, también es agua. Bueno. Valga todo el rollo precedente para hacer como hacen los críticos de verdad, para ir un rato por las ramas y para no decir que Juan Bautista estuvo de pena, que no dio una a derechas y que con los guirlaches que mandó el Cuvillo salió de la Plaza por sus propios pies, y que cada cual entienda lo que quiera.

Ahora viene Talavante, que es la parte mollar de la reseña, porque lo del Tala tiene tela. Nadie puede negar que Talavante, el Camaleón, tiene unas condiciones innatas que en seguida descubrió en él Antonio Corbacho (qDg), su creador. Siempre se ha señalado desde estas letras su falta de un concepto propio, de la existencia de una tauromaquia de Talavante que un don José de la Tixera pueda dar a la imprenta, porque a él todo le vale y todo es capaz de interpretarlo -desde José Tomás a Pepe Arroyo-, y hoy acaso imbuido de lo de ayer, de Julián para entendernos, vino a hacer lo de Julián bien, en un registro al que Julián jamás llegará. Señalábamos en la reseña de ayer que Julián estuvo bien en su tercero, bien en lo que es Julián, y hoy el reto de Talavante era poner en la perfección lo que en Julián es la imperfección de su anatomía, de su falta de gusto, de sus modos bastos, y Talavante, como un guiño, comenzó de la misma manera que ayer Julián, rodilla en tierra, ayudado y después trinchera y pase del desprecio, pero donde Julián pone una imperceptible rigidez, acaso dictada por la necesidad del triunfo, Tala pone la soltura y el desparpajo de aquél a quien todo da igual, y por eso su toreo nace natural y sin envaramiento. Y luego sigue, en el mismo registro de Julián, con sus mismas armas de no cruzarse, de no obligar al toro, de no cargar la suerte, de esconder la pierna de salida, pero lo hace con soltura, con facilidad y con naturalidad y las gentes, las buenas gentes, se entregan a él con frenesí. Tala no torea, como no torea Julián, pero es capaz de mantener al toro en movimiento con una bella composición de figura, con una indubitable solvencia técnica y con una ligazón y temple que hacen fluir su embustera propuesta como si aquello fuese de verdad. Hay, no obstante, dos o tres momentos de intensidad: un larguísimo natural en que se enrosca al toro con mando y poderío, y recordemos a los viejos cuando decían que en el pase natural la suerte siempre está cargada, otro con la derecha en el que se queda muy bien colocado y traza el muletazo neto y sobrado y la resolución de un parón del toro en el que simplemente le da su tiempo, puro oficio, antes de volver a ofrecerle la muleta para continuar. Tala podría torear bien, perfectamente bien por lo canónico si quisiese, no me cabe duda, pero esto es más cómodo, hay menos cornadas y a las gentes les pirra. ¿Para qué esforzarse en lo otro? En lo suyo, en el neotoreo, hoy Tala ha dado un agua importante a Julián.

Y López Simón, que va camino de alcanzar as El Viti en Puertas Grandes, ya va por cinco y las hemos visto las cinco y no hay ni medio recuerdo de ninguna de ellas, que se dice pronto. Hoy ha sumado otra más a base de 1+1. La primera con revolcones y pisotones, intento interruptus de llevarle a la enfermería por los peones y suerte de matar echándose literalmente a los cuernos del toro con nuevo revolcón, y la segunda por la bondadosa entrega del público de viernes, que si yo fuese apoderado sólo pelearía por poner a mis toreros en corridas de viernes. López Simón está de pena, por más que le cuenten otra cosa y le tapen la realidad con estas orejas de nulo peso e interés, sobre todo porque no tiene nada que decir y, además, se le nota.

Mañana sábado toma la Sagrada Comunión la hija única de mi querido y añorado amigo Maurizio Giordano (qDg), la pequeña Sol, y en vez de ir a Las Ventas iré a Navacerrada a compartir con ella y su familia esa hermosa celebración familiar, por lo que no estaré en la novillada. Pido disculpas a la parroquia por la ausencia.

 Banderillas en pista

 Ruedas de molino
Rubén Fetén y Curro Amón

Sábado, 26 de Mayo

Vallede Esteban
Sólo una mariposa
basta para apagarte

viernes, 25 de mayo de 2018

Corrida de la Cultura. En la Feria de San Blas, a Ginés le ponen una caseta (y nosotros les devolvemos a los sevillanos su torero)

 Cuando escasea la vergüenza
El marketing de Plaza1 haciendo pasar a Julián y Ginés por José y Juan


José Ramón Márquez


Bueno, pues al fin llegó el día de la Cultura, de la high culture, a Las Ventas. El día del advenimiento de Julián, que primero estuvo diciendo, hace meses, que si no venía a Madrid, que si la cosa no le cuadraba bien por no recuerdo qué, y resulta que era todo una añagaza como para hacerse valer y que se crease un movimiento a su favor que nunca se llegó a crear. Finalmente solucionaron la papeleta con truco, pues en Julián todo lleva truco. Éste consistía en montar un mano a mano con él y con otro, para que a ver si con tres toros conseguía de una vez abrir la Puerta Grande de Madrid por segunda vez como matador de toros, cosa que le obsesiona. Se intituló la gesta como “Corrida de la Cultura”, echaron mano de Ginés Marín, y se compraron seis llamémosles toros para la parte cuadrúpeda del espectáculo que se correspondían con las ganaderías de Victoriano del Río, Alcurrucén y Domingo Hernández. Lo de Victoriano era, como si dijéramos, la continuación de lo de ayer, y la constatación de que entre los ocho toros le han hecho una avería gorda a su amo, que no sé quién de estos gourmets del toro bobo va a ir a comprarle el ganado vistos los resultados, y lo mismo nos toca ver dentro de un poco de tiempo a Victoriano del Río eliminando lo anterior. Y Ginés Marín, pues a lo que se le diga, que ése es el papel que, lo quiera o no, le toca jugar.

Hoy han vuelto a poner el letrero de “No Hay Billetes” por ponerlo, porque había huecos más que notables en los asientos, y en la explanada los reventas ofrecían boletos con muy poco margen, señal de que no había chu-chu, como decía Juanito, a quien mandamos un abrazo desde aquí, que está delicado de salud el hombre. Se nos olvidaba decir que ésta se llama “Corrida de la Cultura” porque asiste a ella el señor Ministro del ramo, al que se le ve un aire de estar muchísimo más interesado en la tauromaquia caballeresca del siglo XVI sobre todo si va glosada en verso:

“…Ya miro al Duque con espada en mano,

Al Marques y á otro compañero;

Parece cada qual Héctor Troyano,

Y al herir, cada qual es el primero:

A fuertes cuchilladas

Se queda el toro allí hecho tajada…” etc.

Echaron por delante uno de Victoriano del Río que adoleció de falta de movimiento, por lo que era absolutamente incompatible con la idea de Julián, que necesita de la carrerita repetidora del animal para perpetrar su tauromaquia. Si el toro se para, a Julián se le caen inmediatamente todos los palos del sombrajo, y eso es justamente lo que le pasó, que el toro era de tipo marmolillo, del mismo encaste que los toros de Guisando, que están en la Venta Juradera cerca de El Tiemblo, que se tragaba un pase y se paraba y ahí se quedaba Julián desesperado porque la cosa de la ligazón y el empalme de los muletazos que él necesita como el aire para echar a andar su negociado, no manaba al encontrarse el toro como posando para un escultor, para un Benlliure de la birria ganadera. Señalemos que toda la responsabilidad respecto de las condiciones de los toros de hoy  recae sobre Julián, que habrá reliado, él o persona interpuesta, en las ganaderías lo que no está en los escritos mirando líneas, reatas y sementales hasta la quinta generación para acabar trayendo esto. Lo mató de canónico Julipié al segundo intento y aún hubo personas generosas y de noble corazón que aplaudieron a Julián tras el arrastre del toro, que hay que decir en este caso lo bien que hizo el hombre en no salir del callejón a recoger cuatro palmas.
El primero de los Hermanos Lozano, se fue a las manos de Ginés Marín. Le picaron con el mismo mimo que se pican las cuerdas del violín en un piccicato, y el animal llegó a banderillas totalmente exhausto y con una falta de movilidad que daba pena verle andar por la Plaza. El buey arrastraba sus cuarenta y ocho arrobas y media con harto pesar de su corazón y cuando llegó la cosa de la franela el toro estaba como para tomarse un Dalsy y meterse en la cama más que para ponerse a embestir. De hecho se paró en medio de un pase, con Ginés en la oreja erre que erre dándole trapazos en el hocico y es que el bóvido ni se movía, ni intentó un derrote, ni protestó, ni hizo nada. Fuese el colorado de los Lozano a que le trinchasen los destazadores y nos aprestamos a ver a su hermano, a ver qué nos decía.
La salida del segundo Alcurrucén no fue lo que se dice la salida del toro que se viene a comer el mundo, y más bien al toro se le hacía un mundo abandonar el fresquito de las mazmorras de Florito sin acabar de salir. Así estuvo un ratito. Luego medio cumplió en varas y es tardo en banderillas. El bicho había tomado el capote de Julián con buen son en los lances de recibo y el de San Blas se fue con decisión a por él para iniciar su faena en el tercio, entre el 9 y el 8 con un principio ligero y gustoso: cuatro por bajo con la derecha rodilla en tierra, un cambio de manos, una trinchera algo tensa y otras tres más relajadas fue el inicio de su labor y en ellas ya se vieron las óptimas condiciones del Alcurrucén para la muleta. Ahí empezó la auténtica cultura de Julián, si será cultural el tío que el otro día le hacían un publirreportaje en un importante diario de tirada nacional, pero su cultura no es de Real Academia, más bien es cultura popular, como el botijo. Acabáramos. Bueno pues ahí tenemos al Julián de siempre con lo suyo de siempre, que no va a cambiar ahora el hombre tras veinte años de alternativa, lo del cite por las afueras, lo del pico, pico, lo de cargarse la suerte, porque no la carga ni en sueños, y, eso sí, un temple nacido de una muy buena técnica, que es lo que realmente pone él, porque el resto más bien lo pone el toro. En sus modos, recalquemos que en sus modos, ha estado bien y por eso le jalearon con fuerza en las series que enhebró, que fueron todas. Mató traserísimo donde hay más dolor de barriga que muerte, cobrando media estocada, y se vio obligado a descabellar. Luego, primero con tibieza y después con la ayuda de los benhures de la mula se fue creando una petición que se sustanció en la obtención de una de las dos orejas que había venido a buscar a Madrid. Incluso hubo quien dio palmas al toro en el arrastre. En ese momento abandoné la Plaza.

A continuación, por no dejar inconclusa la reseña, anoto los comentarios de persona de mi máxima confianza:

4º toro. Ginés se dispone a matar después de faena tediosa y aburrida en la cual ha sido revolconado y no ha hecho ná de ná. Lo mismo de siempre. Se tira a matar. Mata de un bajonazo trasero. Resultado final: puñalá… trapera. El bicho cae y el puntillero acierta a la séptima.

5º toro. El toro, de Garcigrande, es un claro ejemplo de lo que no es trapío. Recibe una puya medianilla y al salir cae. Julián intenta hacer un quite que pasa desapercibido. Ginés intenta un quite por verónicas, todas por el pitón izquierdo y es arrollado por el bicho. Segundo revolcón que se lleva el chaval.

Sale Julián con ilusión y alegría, el aparcacoches coloca el toro en terrenos del 6-7 y se apresta a comenzar la faena sobando al toro por las afueras, preparándole para lo que se le viene encima. Lo intenta por la mano derecha; el torejo no da vueltas y nos embarullamos un poco. Vamos con la izquierda y empezamos retrocediendo muchos pasos entre natural y natural. El toro no hace nada por colaborar. El torero es el mismo y el toro peor. El toro se llama Cazatesoros, número 64, y está sacando la vena como de macho cabrío y el pobre Julián no sabe qué hacer, totalmente desarmado. El aficionado R. apunta “incapacidad técnica total”. Mata con otro julipié a la primera y el toro rueda. El toro ha sacado su castita y le ha traído de cabeza. Sale a saludar y le chifla media Plaza, la otra media le aplaude, los que aplauden chiflan y los que no chiflan aplauden

6º toro. Sale el último, de Victoriano del Río, que es un toro gordo como si fuera de carne, de capa negra. Si lo pilla el de El Capricho y lo castra, teníamos buey para dentro de diez años. Dos grandes puyazos de Agustín Navarro, que se lleva la ovación de la tarde. Comienza Ginés la faena con la derecha, vaciando arriba, muy atropellado, luego pilla la izquierda y después pasa a la fase de los sustos, a ver si el toro le empuja y “lo para con la mirada”. Mata a la segunda y descabella a la última. Parte de la afición abandona la Plaza y otra parte se queda para pitar al toro en el arrastre.

Esto dio de sí la Corrida de la Cultura. A ver qué inventan para ver cómo levantan el muñeco el año próximo, que al entipado Julián le van cayendo las castañas y en Madrid su currículum de acinturamientos sigue empatado con el de Morenito de Maracay, el inolvidable Pepe Nelo. De momento ahí  les devolvemos a los sevillanos a su torero, para que pueda seguir reinando en el coso del Paseo de Cristóbal Colón, número 12.

Antijulianismo en el concierto, anoche, de Roger Waters

Gemoetría juliana

 Atado a la columna I
Tenetur in columna I

Atado a la columna II
Tenetur in columna II

El julianeo

La Cultura

Viernes, 25 de Mayo

Valle de Esteban

Vivimos
bajo el gran espejo.
¡El hombre es azul!

jueves, 24 de mayo de 2018

El currículum

Ivan Illich


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El turbión mediático desatado sobre la carrera de Pablo Casado no tiene por objeto la condenación de un diputado que a pocos importa, sino la salvación del currículum que da de comer a muchos, negocio sospechoso desde la publicación en el 71 de “La sociedad desescolarizada”, de Ivan Illich, el vienés refugiado en América que vislumbró las redes sociales.
La escuela, ineficiente para instruir en destrezas por ser curricular, es la religión del proletariado modernizado, y hace promesas huecas a los pobres de la era tecnológica.
A Illich un amigo negro de Chicago le descubre que nuestra imaginación está “totalmente escuelada”, pero que todos los padres aspiren a tener un Aristóteles para su Alejandro se le hace (¡estamos en el 71!) insostenible: las personas que pueden inspirar a los estudiantes son tan escasas, y tan difícilmente reconocibles, que hasta los principitos consiguen con mayor frecuencia un sofista y no un verdadero filósofo.

De todos los falsos servicios de utilidad pública, la escuela es el más insidioso. A un hombre que pusiera en duda la necesidad de carreteras se le tacharía de romántico; al que dude de la necesidad de escuelas se lo ataca por despiadado o imperialista.
Illich repara en que la edad para salir de la escuela (seguimos en el 71) excede el aumento de los años de vida probable, y que en una década (¡los 80!) se cruzarán ambas curvas, un problema que le recuerda la Edad Media tardía, cuando la demanda por los servicios de la Iglesia sobrepasa la duración de la vida, y se crea el “purgatorio” para purificar las almas bajo control papal, lo cual produce tráfico de influencias primero, y luego, la Reforma.

El Mito del Consumo Sin Fin ocupa ahora el lugar de la creencia en la vida eterna.
En las escuelas taurinas se enseña que pegar pases es tauromaquia como en las escuelas políticas se enseña que democracia es echar papeletas en una caja, con el Periodismo en el papel de quinto amo de Lázaro de Tormes, que fue el buldero.

San Isidro'18. XIV de Feria. Ni un solo muletazo digno de tal nombre entre tres toreros que anticipan la venida del Señor (de San Blas)

 Simon & Garfunkel en Toriles

José Ramón Márquez

Joé con Victoriano del Río, qué digo del río, del arroyo de papel de plata del portal de Belén. Vaya gayumbada que se ha marcado el tío en Madrid, petardo gayumbo de los que hacen época, que tenía más cuajo la novillada del Conde de Mayalde del otro día, no siendo de las que meten miedo, que la corrida de hoy del Ganadero de las Estrellas. Es que no se entiende que anden locos por matar los victorianos, que hoy eran más que nunca boquerones victorianos, y que anden yendo y viniendo, venga a veedores, venga a toros, venga a mirar las reatas, venga a zurraquear y después de toda esa movida traer estos seis mamarrachos que han traído a la Primera Plaza de Pueblo del Mundo, que es como si trajesen a los corrales de Florito el Tesoro del Delfín y lo que han traído es un camión de escombros que tenía que haberse quedado en el matadero Madrid Norte, en San Agustín de Gualalix, para haber despachado a esos seis desechos conforme a la certificación ISO 9001/2001a, Toros con Movilidad Rreducida (TMR) que nunca debieron hollar la arena de Las Ventas.

Para que se cumplieran las expectativas de los que animadamente se acomodaban en los asientos a las siete menos cinco quizás podría haber pasado otra cosa y ésa es que en vez de andar el ganado desplomándose por el piso de Plaza, como si don Victoriano hubiese eliminado lo anterior y hubiese comprado una punta de lombrices de tierra, que los toros se hubiesen medio mantenido en pie y hubiesen actuado como toros abducidos, toros zombies, que con ver flamear un trapo encarnado se acercan a él y lo siguen hasta que lo pierden de vista, momento en que se quedan parados con expresión perfectamente idiota esperando a que el trapo vuelva a asomar de nuevo para empezar de nuevo el correteo, favoreciendo el postureo de los coletas. Hay que reconocer que es ése, indudablemente, el toro por el que se pirran los toreros, y decir que sólo es cosa de los de la parte alta del escalafón es mentir porque a las primeras de cambio, todos, a nada que puedan, se apuntan a ellos. Se ha de decir que, en ese sentido, el ganadero se dedica a atender de manera servil los deseos de su clientela y eliminar mediante su selección pecuaria cualquier elemento indeseado relacionado con la casta, la fiereza, la fuerza o la inteligencia. Bien mirado, para los coletas es perfectamente comprensible preferir los toros sandios de don Victoriano, que menuda diferencia tan grande va entre estar frente a estas cucarachas a estar frente a la encastada seriedad y la listeza de la corrida de Baltasar Ibán, que a fecha de hoy sigue siendo la mejor que se ha visto en lo que llevamos de Feria.
Con su pan se lo han de comer los tres que estimaron que hoy sería su día con el cameo de los victorianos, que el año pasado se hinchó a vender toros y que mucho nos tememos que como le empiecen a salir en el registro de los de hoy en Madrid lo mismo se tiene que pasar al charolais, que, bien mirado, está ya muy próximo a lo que cría don Victoriano, salvo en la capa.

Los tres de la gesta con los Victoriano del Río fueron Perera, Talavante y Roca. Y por cierto, ya podían llamarse por el móvil los mozos de espada o ponerse un WhattsApp porque queda de lo más chusco que el que abre y el que cierra el cartel vayan vestidos igual, como si no tuviesen otro vestido. De lo que sí venían imbuidos los tres era de la cosa de la espalda, que a la mínima ya estaban echándose el capote a la espalda para demostrar que los toros en sí mismos no les impresionaban ni lo más mínimo. Entre los tres no dieron un solo muletazo digno de tal nombre, lo digo por si alguno quiere dejar la lectura aquí.

Lo de Perera se despacha en un pis-pas: está como para irse. No es de ahora, que lleva ya unas temporadas que va arrastrando por esas Plazas de Dios  su concepto completamente enfrentado a cualquier planteamiento afín al más leve clasicismo. El toreo de Perera se asienta en tres principios: ventaja, ventaja y ventaja, y sin ánimo de exhaustividad mencionaremos su cite con el más descarado de los picos, el echar a los toros lejos, el no estar colocado ni una sola vez… Parece que se le tiene hincha, y no es así, que somos del que lo hace, pero es que lo que trae Perera es un insufrible déjà-vu plúmbeo y solemne que no hay quien se lo coma. Diremos, como descargo y como prueba de que más o menos estamos atentos a lo que pasa en el redondel incluso en tardes como la de hoy, que el inicio de su faena a su primero fue una fantasía entre las rayas compuesta de tres derechazos, un cambio de manos, uno por alto y dos trincherillas que pusieron al personal a favor del extremeño, claro que dicho favor duró lo que se puso a torear ya en serio tan fuera de cacho como uno se pueda imaginar y con mucho muleteo sin objeto ni razón. En el cuarto, se dio la comprobación empírica del teorema del perpetuo movimiento que dice que mientras el toro se mueva tras de el trapo, el entusiasmo de las buenas gentes aumenta de manera exponencial. Lo hizo dos veces y no veas cómo le bramaron lo de ¡Bieeeeennn!. Por eso no se exagera si se dice que si acaso sus toros hubiesen sido incansables y repetidores y Perera les hubiese matado a la primera el público, festivo e isidril, se le hubiera entregado sin ambages y se habría llevado los apéndices que le hubiese dado don Justo Polo asomando su sábana al balcón, pero el juicio crítico respecto del torero sería el mismo, porque tal y como se pone Perera no se puede torear, se puede mover al toro de acá para allá, pero eso no es torear ni por el forro.

Talavante, el Camaleón, cerraba hoy su paso por la Feria del Isidro y lo ha hecho definitivamente sin pena ni gloria. Lo de su primero fue como para que actuase de oficio la Fiscalía, que el híbrido de bóvido y cucaracha que le tocó en suerte estuvo más tiempo reptando por el suelo que en pie. Se puso por aquí, se puso por allá, sin alma ni convicción, que la verdad es que la cucaracha no se las merecía, y se fue a por el estoque de verdad para hacer con el toro lo que se debía haber hecho en la lóbrega oscuridad de un matadero. El segundo se cayó menos, pero tampoco tenía ni media leche. Por algún momento quisimos ver a Talavante con cierto aire amorantado (de Morante), que este hombre es el Elmyr de Hory del toreo y tiene una innata capacidad de imitación. Las condiciones deplorables del animal y la inspiración del pacense nos permitieron ver lo que sería una faenita de Morante en alguno de sus muchos días de nula inspiración, teniendo como médium a Tala. Ahora ya se ha quitado de en medio el tostón de Madrid y puede completar su temporada, a la que Madrid no le afecta en modo alguno, y dedicarse a ir de acá para allá para que nos vayan contando los vates lo bien que ha estado en tal sitio o tal otro sin escatimar adjetivos.

Y luego Roca. The Rock, por no decir la pedrá que tiene el tío, que ya ha sido entronizado como el Rey del Espaldar. Lo de Roca es perfectamente insufrible si te gusta el toreo y un festín para los ojos si te gusta el circo. Valga decir que en sus delirios capoteros, florilegios de percal volandero, aún nadie le ha visto dar una maldita verónica. Es que ni una. Es que él se pone el capote por la espalda, que hay que ver la obsesión digna del doctor Freud que este hombre tiene con la espalda, y se lía a retorcer el capote y su propio tronco y forma unos festivales textiles que ya no se sabe ni dónde está el toro, ni dónde el torero ni dónde va del uno ni de dónde viene el otro. Una voz desde los altos, una voz clamando en el desierto, le pidió una verónica por caridad; una sola verónica, el lance básico del toreo de capa -junto a su remate natural que es la media- que nos redimiese de toda esa exageración física plena de confusión, pero se ve que hoy no era tampoco el día. En su primero se cargó literalmente al toro. Él venía a hablar de su libro (Tratado de la espalda) y con sus argumentos pueblerinos de cercanías, sustos y ¡ay! y de manera poco conmiserativa se dedicó a arrasar cualquier atisbo de embestida que el toro tuviera. Le cortó lo que pudo, le quitó las intenciones y dejó al animal sin lo poquito valioso que tenía, para ver si le salía su dibujo, pero no hubo manera, que el bicho se quedó exhausto y ya no había manera de montar los volatines con él. La oportunidad le llegó en el segundo, que iba y venía como un perro y ahí sí que desplegó la farfolla de medios pases, de cites deplorables, de recortes, de parones en la oreja del toro, de invertidos circulares con aroma a churro, de resolver a base de culerinas cualquier situación que le saliera un poco incierta y de buscar las cercanías a la caza del ¡ay!. De torero, como es natural, nada. Cuando metió el estoque hasta dentro del animal, del vómito de sangre ya ni hablamos, le dieron la oreja y con ella Roca se fue a Perú, o a donde se vaya, más contento que unas pascuas. Luego hay otros pequeños detalles: que Roca permanezca en el burladero durante el tercio de banderillas del cuarto  toro,  que se dedique a conversar con un peón en el 10 o que esté por el 4 desentendido de todo mientras banderillean, son cosas que le restan realeza a Roca.

La cuadrilla de Roca venía muy conjuntada, con Juan José Sánchez de negro y azabache, Paco Algaba de gris perla y plata, y Viruta, que fue el único que hoy tomó el olivo, de gris plomo y azabache. Curro Javier lo pasó realmente mal cuando a la salida de un par, acosado por el toro, no hubo nadie que le hiciese el quite y al llegar al burladero, la tronera por la que debía entrar estaba ocupada, por lo que el peón tuvo que tratar de entrar por la otra y exponerse a una segura cornada de la que se libró por puro milagro.

Mañana (hoy para el lector) viene a su “Corrida Carambola de Fernando VII” el King of Seville, Curro de San Blas, al que el diario El País, en su número de hoy, ha hecho un publirreportaje para ir calentando la cosa del indulto.


 Ay, ay, ay, que me sabe a Calisay

 Sin billetes, pero con cemento

Preparado para torear bajo la lluvia

Jueves, 23 de Mayo

Valle de Esteban

Ni la mano más pequeña
quiebra la puerta del agua.

miércoles, 23 de mayo de 2018

La Feria de Córdoba y lo políticamente correcto

 Corrección política con educación reivindicativa

 Miedo al hombre en la caseta del PC

Incorrectos procederes

 Apolíticas

Taquilla de caseta solidaria. Un vaso, un euro

Francisco Javier Gómez Izquierdo

Hijos

La oreja de Toñete en Madrid


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En la España excepcional (Snchz pide un estado de excepción, el 155, “indefinido”, y se queda tan pichi), a toreros se meten los hijos de los ricos y famosos, y el lunes fuimos a Las Ventas a ver a Alfonso, hijo del cómico Cadaval, y Toñete, hijo del posadero Catalán, como en los 80 veíamos a los hijos de Litri, Camino y Aparicio. Y Ponce en barrera mirando el futuro, que todo es suyo, con espejos de José Feliciano.

Los Morancos seguían a Emilio Temple Muñoz, hoy teórico del destoreo en la TV, pero en unos sanfermines el templador de Triana se retiró a sus aposentos y los Morancos continuaron de fiesta, coronada con un “Canto a Galicia” metidos en un contenedor donde los halló el torero de Chiva, y Ponce se hizo Moranco, y los Morancos, Ponce, el único, por cierto, que el lunes aguantó en barrera, tan terne, toda la “esaborición” del nublo venteño, mientras en el ruedo, Toñete, novio del agua, espumaba con gusto una yema de San Leandro de la confitería Mayalde, al que mojó una oreja.

Señó Jeromo, cuéntenos el cuento del Arca de Noé –pedían al personaje de Pemán, nada que ver con esos novísimos revistosos del puchero que empiezan sus crónicas taurinas como Cándido Mestizo, el mulato de Ganga, su novela “¡Jierro, mucho jierro!”: “En el alba cárdena piaban las mariposas…”

En el “Moisés” de Freud se nos dice que la relación padres-hijos es representada en los sueños por el salvar de las aguas, y que la fantasía popular, al atribuir este mito natal a un personaje famoso, lo reconoce como héroe.

Toñete, héroe de su tiempo, que no es un tiempo cualquiera.

Te permites el lujo de poner nombre a los hijos de Iglesias. ¿Quién coño te crees que eres? Estás pudriendo la democracia en España –abronca Monedero a un regeneracionista bautizado Don Pantuflo por Iglesias.

Toñete (quien, desde luego, tiene algo) y Cadaval son hijos-víctimas de la TV, y desempeñan el torivoltijo (un toro de granja dando vueltas detrás de una zanahoria de franela) que la TV vende por toreo.

San Isidro'18. XIII de Feria. Ventorrillosdel pueblo me llevan, ventorrillos del pueblo me arrastran, me esparcen el corazón y me aventan la garganta


 Las Ventas en barbecho de Barceló 

José Ramón Márquez

¿Es concebible en nuestros días una Feria del Isidro sin Ventorrillos? Pues lo mismo que no era imaginable hace un siglo una temporada en Madrid sin Miura o Pablo Romero, en nuestros días la del Ventorrillo es tan imprescindible en la Feria como la ya tradicional corrida/trampa apañada por King of Seville, el Curro de San Blas, a ver si de una repajolera vez es capaz de superar a Pepe Nelo en Puertas Grandes de los madriles como matador de toros. Cualquiera diría que los Ventorrillos son la niña de los ojos de la afición, a la vista de su perenne reiteración en la cartelería madrileña, pero el caso es que no he oído nunca a nadie, ni de los ogros ni de los aplaudidores, ni de los que atesoran una entrada de la Plaza Vieja heredada de su abuelo ni de los que por primera vez toman asiento en la piedra del tendido, que hablen, para bien o para mal, de El Ventorrillo, que visto lo visto debe ser ganadería de enjuague subterráneo, de despacho y de conciliábulo y eso sí que serviría para explicar su constante reiteración en los carteles.

Es que nadie se acuerda de El Ventorrillo salvo cuando alguno pregunta:

-¿Y mañana qué toca?

-¿Mañana?... A ver que lo miro… ¡Ah!, la del Ventorrillo.

Y ahí uno recuerda que lo de El Ventorrillo, ese sueño ganadero primero de don Paco Medina y después de don Fidel San Román, sigue existiendo, y que la razón social Edificaciones Tifán S.L., de la que el administrador único es don Fidel San Román mantiene con brío desde 2005, desde hace trece años, la titularidad de esta vacada toledana que se hierra con una efe (acaso de Fidel) y cuya divisa es verde y blanca. Luego, una vez que se pasa el día de marras, uno ya no vuelve a recordar que en el mundo ganadero existe un Ventorrillo, porque la verdad es que es ganadería de las que nunca dejan un poso, ni de gusto ni de disgusto, ni como para ponerla en el altar ni para echarla a los tiburones. Si a eso unimos que es ganadería indefinible, por cuanto tampoco posee lo que se dice un tipo preciso, de esos que ves un retrato del toro y dices: “¡Mira, un Ventorrillo!”, pues no es extraño que nadie eche cuentas de ella, y tampoco es de las que están en ese turismo de tractor tan del gusto de algunos aficionados, que se van a las fincas a que les den un rule subidos en un remolque a mirar las camadas. Lo mismo el hecho de que un veedor de la Plaza se dedique además a la gestión de esta ganadería tiene algo que ver en la, en cierto modo inexplicable, reiteración ventorrillesca, con la de toros que hay en el campo. Y en este Ventorrillo 2018, además, nos encontramos con la sorpresa de que ni siquiera había seis toros para Madrid en los predios de don Fidel, y resulta que nada más pudieron pasar el esmerado fielato de la ciencia veterinaria venteña cinco de los toros Trifanes, para dar lugar a que, como remiendo, nos colasen un auténtico lisarnasio, que donde menos te lo esperas salta el lisarnasio, y en quinto lugar nos endiñaron un Valdefresno feo, badanudo, con giba, un cuadro de toro. De los Ventorrillo propiamente dichos, digamos sin profundizar mucho más que salieron tres a los que se les caían las orejas, o sea que cada uno de los actuantes tuvo su oportunidad, aunque otra cosa bien distinta es que no se aprovechase.

Los actuantes de hoy eran Curro Díaz, Morenito de Aranda y David Mora en sus respectivas segundas actuaciones en la Feria.

 A Curro Díaz lo trajeron en la anterior corrida de toros de la Feria, luego vinieron los caballos, los novilleros y ahí tenemos de nuevo a Curro Díaz, tres días después, vestido de Purísima y oro a ver qué pasa. Y pasa que Curro Díaz trae la misma manta por muleta que el día anterior, que ya quedó reseñado cómo el descomunal tamaño de la herramienta hace imposible que pueda ser manejada con aire y gracia y cómo favorece el que los muletazos le salgan enganchados al de Linares. Y si el toro tiene la manía de derrotar y el torero se dedica a rematar todos los muletazos hacia arriba con el telón del Teatro de la Zarzuela, pues a ver quién es capaz de arreglarse para que no le salgan todos o el 97,25% de ellos enganchados y deslucidos. Y es que ni la trincherilla, que es lo suyo, le salió, porque el enorme pico de la muleta se enredaba con las patas del cornúpeta y aquello se quedaba deslucido por completo. Como dice un crítico de los de la parte seria, el torero estaba “entipado”, que eso no hay quien lo discuta, lo del tipín, pero le falló por completo lo del “acinturado”, que si se llega a acinturar un poco lo mismo la lía, pues ya se sabe lo importante que es acinturarse para llegar al corazoncito de los espectadores. A causa de los mantazos, de la ausencia de acinturación y de los enganchones a porrillo se fue pasando el rato hasta que tocó clavar el afilado estoque a Bordador, que así se llamaba el toro, herrado con el número 4, cosa que Curro Díaz hizo de la manera llamada bajonazo, que creo que aún no han acuñado un neo-término para esa desgraciada colocación del estoque.

Morenito de Aranda hizo lo mejor de la tarde al recibir a Avellana, número 30, que son un puñado de verónicas mecidas, ganando el paso hacia adelante y rematadas con una media en el platillo que desataron la más sincera ovación de la tarde. En la cosa muletera también iba bien servido Morenito en cuanto a trapo, y acaso por eso o acaso por su falta patente de acinturamiento, el público no llegó a vibrar con su propuesta estética. Morenito anduvo entipado en lo que él es, el tipo de Morenito, pero lo del acinturamiento no se le llegó a ver y menos aun cuando hubo que pasaportar al tal Avellana, que primero lo intentó con un pinchazo echándose hacia afuera y después con media lagartijera algo tendida.

El menos entipado de la tarde fue David Mora, que está como desdibujado y muy falto de ideas. Siempre tenemos presente la faena tan cuajada que le hizo en El Puerto de Santa María en 2011 a Charlatán, número 64, de Cebada Gago, que es una de las cumbres de este torero en el buen puñado de veces que le hemos visto; por eso  no es nada grato verle por la Plaza tan disminuido y, si se me permite, tan a merced de los toros. Ya no es que no cargue la suerte, es que se carga la suerte con esa penosa colocación, con esa indisimulada posición tan atrasada de la pierna contraria, con esa forma de citar tan fuera de sitio, con ese toreo inclinado y tan poco acinturado, con esos trallazos planteados desde el pico de la muleta, en los que guía la embestida del toro hacia afuera, y además sin mandar al tendido la idea de que tenga plan alguno sobre lo que pretende hacer con el toro. El animal siguió los muletazos que le pudo empalmar David Mora y la parte más acrítica y facilona del público le jaleó como si aquello fuese oro, incienso y mirra. Lo mejor de su actuación fue la manera en que atacó recto y decidido al toro para clavar una estocada baja de gran efectividad. Tras ínfima petición, pese al numerito de los benhures, se dio una vuelta al ruedo porque sí.

Lo mejor de Curro Díaz tuvo lugar con el capote, junto al burladero del 9 cuando, antes de salir el toro, dio dos verónicas de las de quitar el hipo. Luego ya con toro no fue capaz de repetirlas y, además, dio la impresión de que no le daba la gana entiparse mucho porque el toro no le gustaba nada. Le dejó a Germán González que administrase al bicho el lenitivo jarabe de puya a su libre albedrío, cosa que hizo mientras el matador se situaba como un espectador más contemplando la obra del piquero en las una, dos y tres entradas del toro, Cafetero, número 12, al caballo. Este Cafetero cumplió suficientemente en varas y llegó a la muleta con la boca cerrada y pidiendo certificados y fe de vida. Curro no ve nada clara la porfía y va desgranando sus muletazos de uno en uno, de nuevo rematando por arriba feamente, recibiendo muchos enganchones. El toro cambia a mitad de la faena y es entonces cuando en alguna serie consigue empalmar tres derechazos acompañando el viaje para recibir los parabienes de los que con cincuenta años siguen creyendo en los Reyes Magos. Se ve que ahí se debió acinturar. El toro fue despedido con palmas.

No es que los Ventorrillo fueran unos top model, pero al irrumpir el quinto, número 41, su fealdad lisarnasia era chocante, que además de ser astracanado y contrahecho, le puso Campanero el mayoral. Morenito no se acinturó ni una sola vez y la labor del de Aranda fue pasando de silencio en silencio sin que las diversas cosas que ensayó tuviesen un mínimo eco en los tendidos, y mira que Madrid mira con buenos ojos al moreno. El trasteo le salió con muchos más enganchones por minuto que los admisibles y su labor fue silenciada tras un pinchazo corriendo desde bien lejos y echándose hacia afuera y media lagartijera algo tendida.

Y de postre David Mora, que llevaba con él a Otero para que hiciera una brega de muchísima enjundia, de las que mejoran las condiciones del toro. Y como Otero había demostrado en su pertinaz labor con el capote, había que tirar del toro, que sin duda fue el de peores condiciones de los seis, y había que meterse con él, encelarle y poderle, y David Mora no estaba ni mucho menos por ese registro. Un pinchazo sin soltar en la suerte natural, otro igual en la suerte contraria y una estocada entera y desprendida en la suerte natural perdiendo la muleta fueron los puntos finales de David Mora para esta tibia tarde de mayo.

Muy mal picando Francisco José Quinta y Germán González tampoco puede irse muy satisfecho a su casa de lo que le hizo desde el penco al cuarto, el mejor toro de la corrida. Juan Carlos García fue el único que tomó el olivo en la tarde de hoy. Andrés Revuelta, de verde hoja y azabache, se lució en sus dos pares de banderillas.

 No soy un de pueblo de bueyes...

...que soy de un pueblo que embargan...

...yacimientos de leones, 
desfiladeros de águilas... 

...y cordilleras de toros 
con el orgullo en el asta. 
Nunca medraron los bueyes 
en los páramos de España

Miércoles, 23 de Mayo

Valle de Esteban

Solamente por oír
la campana de la Vela

martes, 22 de mayo de 2018

Las Córdobas de un burgalés. La Feria

 La Feria de noche

 La Feria de día

El arte de presumir


Francisco Javier Gómez Izquierdo

El remate de mayo en Córdoba es la Feria, de la que dicen los cordobeses que “sólo” dura diez días (no cuenta la Cata, las Cruces y los Patios, en un fiestero discurrir desde finales de abril hasta el próximo 27) como si los Sanfermines o los Sampedros durasen una docena. La Feria es tradición andaluza que creo llegó de Castilla cuando los ganaderos y tratantes se vestían todo un fin de semana como si fuera domingo para comprar y vender vacas, yegüas, trillos  y trallas. La de Córdoba se llama de la Virgen de la Salud y si bien no tiene el glamour de la de Sevilla se hace más atractiva para el visitante por accesibilidad y ausencia del hueco postureo de los vecinos a pesar de la inquietante  tendencia entre la juventud veinteañera de vestir con indisimulada vanidad. Ya saben, barbas sumerias, pantalones por encima de los tobillos, sin calcetines, camisas apretadas y chaquetillas que enseñan los antebrazos con la imagen del Caído, el Rescatao o una oración maorí. Presumidos ellos, ahora que algunas de ellas buscan el imperio de la fealdad femenina.

      Esta última licencia no es cierta, pues en las ferias del Sur, y en la de Córdoba sobre todas ellas, la guapura de la mujer la da la naturaleza y sus femeniles criaturas se acicalan, visten, perfuman, pasean, bailan, miran, ríen, se abanican, con presunción avariciosa, porque la Feria de Córdoba es presumir. Se presume de caballo, de sombrero, de vestido, de flor en el pelo, de moño de rejoneadora y sobre todo de belleza. Las cordobesas dan envidia sana a las mujeres y a los hombres que no tienen enferma la sesera y van por la vida con la conciencia limpia... y envidia dolosa a esas mujeres amargadas que se dejan bigote y se significan en las instituciones prohibiendo que las mozas de mi barrio y todos los barrios de la ciudad repartan abanicos de las casetas o sombreros de las bodegas a la entrada del recinto ferial. Dice la autoridad política que la costumbre era mala por sexista, pero las amigas de mi chico están que trinan porque se han quedado sin unos euros para zapatos. Serán reacciones machistas, porque ahora las mujeres que estudian son unas machistas de tomo y lomo en el catecismo morado.

      La Feria de Córdoba nos da dos opciones: Feria de día o Feria de noche. El cordobita cordobita prefiere la de día y viste para la ocasión traje campero. Si no alcanza para traje, que alcanzará, no puede faltar el sombrero cordobés y los andares toreros por cuatro o cinco casetas en las que den buen vino y un decente salmorejo. El cordobita cordobita bebe y come poco y sería el legado purista de aquél tratante antiguo que hacía sus paradas en los mismos corrales cada año, por entenderse mejor con la gente de fiar que con aventureros. El cordobita cordobita acaba “moles”, pero la doña se lo perdona porque también se recoge sobre las ocho o las nueve un poquito mareada.
    
La Feria de noche es para jóvenes y amigos de cordobeses que yo creo que son los que mejor se lo pasan. Cuando llegué a Córdoba la Feria se ponía en La Victoria. Uno venía con ansias y edad de diversiones. Aún recuerdo y recuerdan los amigos aquellos primeros años donde se me veía con  dos botellitas de Moriles asomando por los bolsillos del pantalón como si fueran revólveres  y mis apoteósicos empecinamientos en que una sevillana era una jota lenta. Antier, preparando el partido del Córdoba contra el Almería, todavía solté los pies como aquellos días. Como yo, muchos otros de otras tierras que disfrutaron del fin de mayo cordobés tienen recuerdos agradables de lo que les pasó en tal o cual caseta.

    A la Feria no se puede ir solo. Lo suyo es una cuadrilla de entre no menos de seis y no más de doce o quince, porque la Feria es contar sucedidos graciosos,  ver el salero de las bailaoras vestidas de gitana, bailar tú aunque sea mal y hacer un poco el tonto. Siempre con un mínimo de gracia, toda la educación del mundo y respetando las buenas costumbres de toda la vida.