Follow by Email

miércoles, 26 de julio de 2017

Miércoles, 26 de Julio

Valle de Esteban

¡Qué confusión de cosas! ¡oh Dios! ¡qué laberinto!
Juan Ramón Jiménez

Miércoles, 26 de Julio


La imaginación es un universo en miniatura
que puede crear sus formas invisibles y éstas materializarse.
Paracelso

martes, 25 de julio de 2017

Ocupas con Estatuto

Hermandad de la Estrella, en la Huerta de la Reina

Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Entre las distintas especies de ocupas: pseudopobres, pseudoanarquistas, pseudoartistas... -una hay que  es inofensiva e incluso bienintencionada-, la más peligrosa y desquiciadora es la que ataca con el estatuto: el estatuto de ocupa.

      El estatuto de ocupa lo regalan individuos que se dicen a sí mismo buenos y solidarios. Una gavilla de estos ha llegado a  prócer y entre sus más imperiosas tareas está procurarse un buen sueldo de las arcas de la Administración y mantener a determinados coleguitas  en una molicie y ociosidad escandalosas a los ojos de los que pagamos impuestos.

      Los ocupas de estatuto suelen formar pelotón. El pelotón obedece a un jefe, cuya mayor preocupación es contar con un buen explorador y marihuana suficiente por lo que pueda ocurrir. El explorador busca un chivato o un funcionario municipal sincero que le cuente qué edificio tiene viviendas vacías y que a ser posible pertenezcan a un banco. Localizadas las viviendas, el jefe las reparte teniendo en cuenta número de habitaciones y metros cuadrados como cualquier constructor experimentado. Los ocupantes, duchos en oficios ilegales, se las apañan para cumplimentar el pago mensual o semanal con la tranquilidad de tener casa para años, pues el jefe tiene el estatuto que les protege; el estatuto a salvo de jueces y policía acogotados ante la presión y alarma social de opinadores a los que nunca ocuparán la casa. Para eso están los exploradores. Para distinguir las facciones amigas y enemigas y buscar el altavoz que conviene a una vida desgraciada.

    En Córdoba, los ocupas de estatuto se han instalado en la Huerta de la Reina, un barrio hacendoso y acogedor hasta antier. Queda a la derecha del Vial según se va a la estación de Renfe y hoy los cordobeses procuran evitarlo. La policía recibe diez denuncias diarias, pero como los jueces no se atreven y la concejalía afín a la truhanería frena y advierte con no sé qué historias de derechos facilitando agua, luz y hasta piscina en la azotea,  los ocupas de la Huerta de la Reina, tras cuatro años de asentamiento, han montado sus negocios, su vigilancia y sus métodos educacionales. En las viviendas se trafica con drogas, hay suripantas que reciben a desgraciados poco escrupulosos, se destrozan coches que conductores despistados aparcan en “sus” calles..., y en fin, los vecinos de los bloques colindantes están aterrorizados y hasta han renunciado a salir de vacaciones por miedo a perder su casa. Ni el antaño acogedor jardín de la Estrella se atreven a pisar.  
    
A tal punto de degeneración se ha llegado en un barrio de Córdoba situado en el centro de la ciudad. Nada que no pase en otras ciudades, pero que se calla para no escandalizar. Hasta que  las puñaladas, los tiroteos,  las que viven con un anciano muerto en extrañas circunstancias, el yonqui que deambula y sirla sean insoportables en demasiadas geografías, y entonces... ¡Ah, los ocupas! ¡Con lo buena gente que parecían!

Alcorques del Carmenato

 Calle de Montesa
Carmena Burana

 Calle de Lista
Ahora Podemos

 Calle de Lista
Mañana Ya Veremos

Calle de Lista
Sous les pavés, la plage

Calle de Lista
Green

Héroes



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Por “El mito del nacimiento del héroe”, de Otto Rank, discípulo de Freud, sabemos que el héroe nace de “ilustrísimos” padres, después de una concepción precedida por dificultades; durante el embarazo, un anuncio advierte contra su nacimiento, y el niño es condenado a ser muerto o abandonado (de ordinario, a las aguas en una caja); al final, es salvado por animales o por gente humilde, y amamantado por una mujer de baja alcurnia; y ya hombre, da por azar con sus nobles padres y alcanza la grandeza y la gloria.

Rivera, que es nadador (y más de un Moisés habrá sacado de las aguas), basa en el mito de Rank su defensa de la gestación subrogada (vientres de alquiler), con el apoyo estadístico del 56, 9 por 100 del pueblo español, que siempre está abierto a todo, como ese profesor de ecología de Chicago, Jerry Coyne, que da su visto bueno moral al infanticidio.

Para eludir la acusación de mercantilismo, Rivera exige que los vientres de alquiler sean propiedad de damas de alto copete económico (que la madre sea “ilustrísima”, siquiera económicamente, como en el mito). Es una prevención liberal que aplicada al marxismo zanjaría la explotación obrera con una línea en el Boe: que sólo a los ricos les fuera permitido trabajar.

Para promocionar la ley, Ciudadanos podría contratar a Paris Hilton, una madre de alquiler que quitaría el hipo. Claro que luego Paris pare un hijo tuyo, pero tú pierdes tu empleo y no lo puedes mantener, así que colocas al niño en un cestito y lo llevas al Tajuña, que tiene juncos, como el Nilo. Etcétera. Los años pasan, el niño crece y un día se entera de que es hijo de Paris, y decide enviarle una demanda de maternidad. ¿Entonces, qué?

No se me va de la cabeza la imagen de ese Dalí deshuesado como un pollo en la morgue haciendo confidencias al forense:

“Las postrimerías de San Fernando” es un cuadro milagroso. Se ve la Sagrada Forma de perfil. Es una línea y se ve redondo. ¿Comulgaría usted con esa Sagrada Forma?

Dunkerque



Hughes
Abc

Aun sin entender de cine, o quizás por ello, “Dunkirk” o “Dunkerque” resulta una película especial.

El inicio deja una sensación de entretenimiento puro y a la vez de algo profundo. La representación de la playa y la multitud de soldados a la espera tiene algo importante. No sé si la palabra trascendente es “demasiada” palabra, pero en eso se piensa. Hileras ordenadas de personas esperando a la orilla del mar bajo la amenaza ominosa del enemigo. No se dice Alemania, se dice “el enemigo”. No salen sus rostros. Al final aparecen dos sombras. Hay algo abstracto en ello.

Ese inicio parece muy de Nolan, parece lo “especial” de la película. La música, que siempre nos parece un poco tramposa, tiene ritmo de tic tac y contribuye al desasosiego, pero es esa multitud inicial entre el cielo y la tierra, a la espera de algo (multitudes en el absurdo de Godot o ante un finisterre metafísico), parecen cumplir con una de las funciones de la guerra. La guerra enseña el justo valor de una vida, que es muy poco. Vidas sin sentido, miserables, minúsculas. Hombres como insectos. Somos insignificantes, y el moderno estilo de vida, lleno de falsas seguridades y bienestar, lo falsea todo. La guerra del film (grandiosa, elemental, accidental también) enseña lo que es la muerte, la descubre. No le hace falta al director enseñar vísceras ni forzar el patetismo. Hay algo pictórico, como de Brueghel, en esas formaciones humanas a la espera, fundiéndose con la bruma. Cuando las bombas deshacen la hilera, se vuelven a formar a un ritmo casi natural, obstinado y débil.

Ese tramo es realmente sorprendente. ¿Es habitual algo así en el cine bélico? No hay un personaje heroico, una individualidad que se apodere de nosotros. Se van sumando héroes a una epopeya nacional. Pero sí hay dos personajes de órbita mayor. Uno es el de Fionn Whitehead, el otro el de Tom Hardy. Uno va de Dunkerque hasta Inglaterra; el otro hace el camino inverso. Uno por mar, el otro por aire. Uno llega al corazón del hogar, el otro al enemigo. Y se vienen a cruzar en un momento que enciende el clímax de la película. Se inicia entonces una sinfonía de corte distinto (sonará otra cosa además de ese tic tac). Ya no hay el temor general, unánime a la muerte, la amenaza, sino otra cosa. Ese final (no voy a reventar mucho por si algún lector -lector heroico, llegados a este punto- quisiese verla) es de tipo clásico. Lo hemos visto más veces. Es verdad que la arquitectura, el engranaje de tramas o de trayectorias que se cruzan y engarzan unas a otras es de un virtuosismo sorprendente, pero el final pulsa teclas que ya conocemos.

Creo que esta película tiene un punto notable de nacionalismo, en su sentido más leve, anglosajón. Noble, comprometido, cívico, pero particularista. Profundiza en la retirada como un episodio mítico. No se realiza un estudio del héroe. Es el pueblo el héroe. La sobrecogedora imagen de las embarcaciones civiles llegando (mejores que el Séptimo de Caballería), los viejos impasibles con el chubasquero, perfiles como chaucerianos. Algo antiguo, mudo, figuras eternas que además interpreta el vigía shakesperiano que es Kenneth Branagh. Al borde de un espigón, último hombre y primer inglés al cuidado de la civilización. El héroe no es Tom Hardy, casi anónimo, sin rostro, impersonal. Es el pueblo inglés. “Take me Home”. El hogar. Los acantilados, Dorset, Dover. La idea de frontera no es necesaria. Son esas puertas naturales, mitificadas hasta separar la muerte de la vida. La seguridad. El hogar es la salvación, es garantía de vida y ha de preservarse así.

“Defender nuestra isla”. Churchill y su extraordinario discurso suenan al final (con un bonito guiño al periódico de papel, periódico al que se acude con una sed humanísima de información). La población civil enseña al soldado la importancia de la derrota. Ahí han ganado la guerra, nos viene a decir. El pueblo enseña al ejército, no al revés. Pero hay más. En 2017, Churchill adquiere una categoría casi artúrica. Mito nacional que se renueva. Hay ahora un Churchill de Brian Cox de evidentes tintes patriótico-nacionalistas. Otro muy pronto que hará Gary Oldman. Y vimos la serie televisiva hace poco.

En el repliegue-victoria de Dunkerque, tal y como está narrado, la isla tiene una dimensión no meramente territorial. No es un espacio sin más. Es algo que merece la pena defender con la vida. “I see your point, son”, dice el señor que lleva su barquito al soldado que quiere regresar (Cillian Murphy, con su rostro de equívocos morales y ambigua debilidad). Y continúa. Su hijo, rubio, hermoso, bueno, valiente, encarna virtudes innumerables. Rescata a otro piloto, rubio también, patricio, que interpreta algo así como una “inglesidad” perfecta. “Good afternoon”, le dice cuando es rescatado de la muerte. Flema, un carácter deportivo, un arrojo desapasionado y sin patetismo, una virilidad pulida y cívica. Una entereza moral, sobria. Pocas veces hemos visto una representación tan pura de lo británico ideal como en esos dos personajes (quizás secundarios). Con humor cabría estirarlos hasta un Bond. Nolan hace Bonds realistas y rubísimos.

La película tenía un punto de Powell y Pressburger, más hondo incluso, sin humor y con un sentido más oscuro del acecho y la amenaza. En el repliegue se vuelve a la Isla, que no es sólo el hogar. Es el hogar del que tiene miedo y regresa, pero en la dirección opuesta (del rescate, desde Inglaterra) adquiere otro sentido. Lo que les espera no es el hogar, es una nación encendida. Una vibración. Las Islas Británicas vistas también como reducto último de civilización, como salvaguarda. Hay una gota de “excepcionalismo”. La película enseña sin decirlo algo del atlantismo inglés, y deja una sensación quizás vaga, pero real, de su particularidad, de su naturaleza característica, no conquistable. No es la primera vez que en las islas (incluso en las mismísimas Hébridas) se siente palpitar la resistencia de una forma de ser.

¿Cómo habrán visto la película los franceses? Hay líneas de solidaridad, pero matizadas. El inglés cuida del francés (Branagh), pero no es lo mismo. Nosotros, ingleses primero. No hay ni una imagen del sufrimiento francés en el otro lado. Esa insularidad, la idiosincrasia nacional, no puede relacionarse directamente con el Brexit (sería un poco burdo), pero tampoco dejar de hacerlo.

¿Qué valores toca este cine? No se va a morir por una línea de becas, ni por la Seguridad Social, ni por una organización burocrática supranacional. La película analiza con nueva sofisticación un mito nacional, pero acaba rendida a él fordianamente, clásicamente. La modernidad de Nolan cae rendida ante la estilización nacionalista de un episodio histórico esculpido como mito. Es inevitable pensar en esta película, junto a las de Churchil que vienen, como un mínimo espasmo nacionalista (en el sentido anglosajón suave).

Algo parecido sentí el año pasado viendo las de Clint Eastwod (Amrican Sniper, Sully), Mel Gibson o esas últimas que protagonizó Mark Wahlberg. Compartían, además de cierto tono documental, el tributo a personajes reales y un encendido sentido de comunidad. Un sentimentalismo comunitario y casi político. Me parece imposible no pensar en que este cine es algo así como un momento nacionalista. Me pregunto si cierto cine no necesita, en tanto espectáculo masivo o popular, indagar necesariamente en algo así. Al salir de la sala observaba a los espectadores. Algunos tenían un aspecto ultramoderno y contestatario. Pensé en qué emociones les habría producido una película así. Ese “nosotros” inglés, con su homenaje a la bravura nacional. Pensé en los Brexiters. En su rápida identificacion (quizás algo falaz y esquemática) con la película, y pensé en los otros. En los “remainers”, o en parte de ellos. En esos episodios colectivo-chuchillianos (Churchill como bardo) hay algo esencial que permite un mito nacional moderno. ¿Qué otra cosa puede hacerlo? ¿Cómo despertar aun esas emociones orgullosas alrededor de otra cosa que no sea un “hogar” o un “nosotros”?

Martes, 25 de Julio

Valle de Esteban

Las aves que llegaban a través de los aires
por las ventanas rotas entraban y salían
con rumor semejante al suspiro que damos
de mucho demorarnos en lo que ya ha ocurrido.
Robert Frost

La pescozada al señor Santiago


Hay que seguir afirmando que Santiago bajó a la batalla de Clavijo sobre un caballo blanco, y no hay que transigir ni con que fuera tordo el caballo. Ése era el consejo de Maeztu. Pero ¿qué sabemos hoy del patronazgo de Santiago?

Quevedo se dejó la piel en la defensa del patronazgo de Santiago frente al de Santa Teresa. En Madrid, los columnistas zen (tristas) de la época discutían de la depreciación de la moneda, de las hipotecas de los judíos, de la ayuda a los herejes... La reacción antisantiaguistacrecía porque ya no había musulmanes contra quienes hacer la guerra santa. Y el centrismo decidió hacer la petición de que la beata Teresa de Jesús fuera elevada por el Pontífice y admitida por el Reino como patrona de todos los españoles, contando con el favor del Rey y su valido, el Conde-Duque, que miraban por lo suyo.

Quevedo también miraba por lo suyo, pero menos, pues echó todo su crédito gubernamental a perder cuando escribió su memorial por el patronato de Santiago contra la bandera de los carmelitas y el centrismo rampante. Santiago era un patrono guerrero, y Santa Teresa, una patrona andariega, casi una krausista. (Se conoce como “krausismo” a un movimiento de pedantes madrileños que dieron en sustituir la misa dominical por una caminata por Gredos.) A Quevedo, para quien las Españas eran «bienes castrenses ganados en la guerra por Santiago», el buen rollo carmelitano lo hacía sulfurarse. ¿Encomendar al sexo de mujer parte de la invocación de las batallas? «¿Qué comparación puede tener esta postura y pintura con la de un caballero joven, robusto, gallardo, denodado, despidiendo rayos de luz de su hermosísimo rostro, adornado de fuertes y resplandecientes armas, con la cruz roja en el pecho...?»

Y en Su espada por Santiago escribe:

“Los reyes, señor, armaban caballeros en España; mas a los reyes Santiago los armaba caballeros: de su altar tomaban las armas y la espada, y el bulto del Santo Apóstol les daba la pescozada en el carrillo... Pues, ¿cómo pretenderán los padres de la Reforma que Santiago os dé armas a vos y que las volváis contra él; que de su altar toméis la espada y que le quitéis vos la que él (tiene) en su mano para dársela a Santa Teresa, a quien sus mismos hijos han hecho estampar con una rueca? La pescozada, señor, antiguamente Santiago la daba a los reyes; hoy quieren los procuradores de corte que los reyes se la den a Santiago en la cara. A vos os lo proporcionen... Ni los frailes lo pueden negar, ni los procuradores lo deben proseguir; ni vos, señor, lo debéis mantener.”

lunes, 24 de julio de 2017

Julia Roberts con la camiseta de Fellaini


Hughes
Abc

Tras una tediosa primera mitad, justo antes del descanso, el Manchester marcó un gol (Lingard) tras una jugada fantástica de Martial. Una virguería de extremo en varias etapas.

Esa jugada de Martial llamaba a gritos a Mbappé, pues es lo más parecido y se supone que aún más brillante.

Así se ha de interpretar el fútbol en verano. Convertirlo todo en portada de diario deportivo, traducirlo todo en términos de «fichabilidad».

Porque el partido no tenía para el Madrid mucha novedad. Un once sin estrenos y el único interés de volver a ver a Bale, muy escondido en algún lugar de la mediapunta y sin desbordar por fuera. El partido tuvo algo no del todo futbolístico. Era muy americano. Tan americano que en el 30 se paró un par de minutos para una pausa de hidratación que los entrenadores (Zidane con una gorra que, como todo, le caía bien) aprovecharon para una charla táctica que era como ajustar la Nada que era el partido. Hacía mucho calor, casi cuarenta grados; sesenta mil espectadores (decir almas parece siempre un poco aventurado) observaban con una paciencia atroz el espectáculo lentísimo. Y en el campo se movían de forma muy extraña (además de la torturada pelota) dos personas: el árbitro, que huía completamente de la jugada, y Fellaini, que huía del balón y luego regresaba para colisionar con cualquiera de los medios del Madrid. Isco, en una de sus escasas epifanías, le hizo un sombrero muy meritorio. No caía nunca ese balón. Sobre la americanización del partido, Fellaini introducía otro elemento adicional de extrañeza. Está en el campo a modo de obstáculo.

El Manchester demostró estar ya muy mourinhizado. Equipo serio, presionante, aburrido, con un par de jugadores de técnica casi medieval, pero metidos ya en la partitura estrecha y psicológica de Mou. Empezaron más entonados, con mejor forma física, y el Madrid se fue rehaciendo sin demasiada precisión y con menos agresividad. Sólo Marcelo y Modric alumbraron algo. El partido era, en suma, muy aburrido, con ritmo de béisbol.

Sobre el fútbol amistoso siempre quedará ya la sombra de Villar. Esto no fue fútbol, fue «furbo».

En el descanso, por fin, hubo algo nuevo que echarse a los ojos. Zidane introdujo un equipo de canteranos con el debut de Theo en una posición más adelantada. Mourinho metía al resto de sus titulares, pero ese Madrid era el Castilla con Casemiro. Los entrenadores parecían haberse puesto de acuerdo para no medirse del todo antes de la Supercopa.

Fue interesante ver la coincidencia titánica de Casemiro y Pogba, aún más alto y poderoso. Casemiro empató en un penalti que le habían hecho a Theo, que ganó la jugada a Jones por rapidez. Un Madrid juvenil empataba al Manchester con Lukaku y Pogba en el campo. Quezada y Franchu destacaron, y Theo tuvo un buen debut. Zidane sigue extendiendo sobre el equipo un efecto general de felicidad. No se salva nadie. Fue como si a Theo le hubiesen metido de un empujón en el círculo virtuoso.

Volvió a haber una pausa de hidratación en el minuto 75. Estas pausas parece que no las pide tanto el jugador como el público americano, que necesita estos intermedios para bailar y consumir. Julia Roberts estaba en la grada. La dábamos por madridista, pero al parecer se hizo una foto con la camiseta del Manchester, ojalá que fuera la de Fellaini.

Los jóvenes resistieron a un United que se fue relajando. Sus ganas equilibraban el partido. Ya el verano pasado, los canteranos dejaron a Zidane en buen lugar.

Las reglas del incomprensible torneo (la liguilla «International Champions Club») exigían penaltis. Los porteros se picaron y De Gea paró un par (se abrieron mini debatillos con esto). Fallaron Theo y Casemiro, pero la importancia de eso era menos que anecdótica. El partido deja el saldo real de Theo, un jugador rápido y potente para la banda izquierda del Madrid.

Fellaini

Lunes, 24 de Julio

Valle de Esteban

No digamos ni mu de eso que ha sido
ya, si sigue la luz, hecha camino,
en el cielo que antaño contemplamos
con ojos de un ayer, como ellos, claro.
Rilke

domingo, 23 de julio de 2017

Los demonios



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La revelación de que a Savater las meditaciones del Joven Marías ante un bálano embravecido le recordaban a Dostoyevski me ha llevado de vuelta (¡no puede ser! ¡no puede ser!) a “Los demonios”, con tantas páginas maestras, ya ven, sobre el “Zeitgeist” de nuestra Santa Transición, que hasta Hannah Arendt, y a propósito, precisamente, de “Los demonios”, saca a relucir que a Dostoyevski se le concede “un talento para la previsión que roza lo demoníaco”.
   
 El tema de Dostoyevski (según las notas de Arendt sobre la novela) no es saber si Dios existe o no, sino si el hombre puede vivir sin creer en Dios: si el Dios al que el hombre debe obediencia desaparece, el hombre sigue existiendo, dispuesto para ser un criado, sólo que en vez de servir a Dios ahora es siervo de sus ideas; ya no es una propiedad de Dios, sino que ahora está poseído por las ideas, y éstas actúan como si fuesen demonios.
    
Además –habla Stepánovich en “Los demonios”–, la docilidad de los escolares y de los tontos ha llegado al más alto nivel; los maestros rezuman rencor y bilis. Por todas partes vemos que la vanidad alcanza dimensiones pasmosas, los apetitos son increíbles, bestiales… ¿Se da cuenta de la mucha gente que vamos a atrapar con unas cuantas ideíllas fabricadas al por mayor?
    
El narrador admite que lo que cunde es una irritación general, algo implacablemente maligno, como si todos estuviesen hartos de todo: reinaba, en fin, un cinismo incoherente y general, diríase un cinismo forzado.

    –De qué a qué fue nuestra transición es cosa que no sé ni pienso que nadie sepa. Las gentes más ruines adquirieron de súbito ascendiente entre nosotros y se pusieron a criticar a voz en cuello todo lo más sagrado, cuando antes no osaban decir esta boca es mía; en tanto que las personas principales se aprestaron de pronto a escucharlos, y callaban.
    
Gloria in excelsis Deo!
    
Y dice Hannah Arendt que esta novela es como si un alma desnuda hablase con otra alma desnuda.

Domingo, 23 de Julio

Valle de Esteban

De los pájaros primeros
que en este mundo han gorjeado,
de los pájaros primeros,
el zenzontle y el jilguero.
Y de los más apreciados
y de los más apreciados, yo conocí a un carpintero.
Son Jarocho

"Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será el fin del tiempo"

DOMINGO, 23 DE JULIO

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente:

-El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: "Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?" Él les dijo: "Un enemigo lo ha hecho." Los criados le preguntaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?" Pero él les respondió: "No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero."

Les propuso esta otra parábola:

-El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.

Les dijo otra parábola:

-El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente.

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré los secretos desde la fundación del mundo.» Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.» Él les contestó:

-El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será el fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará sus ángeles y arrancarán de su reino a todos los corruptos y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su padre. El que tenga oídos, que oiga.

Mateo 13,24-43

sábado, 22 de julio de 2017

El trap




Hughes
Abc

Ayer, una cadena de indeseables acontecimientos hizo que saliera de casa. En lugar de estar leyendo artículos sobre la postverdad en internet hice “acto de presencia” (qué maravilla de expresión: acto de presencia) en una discoteca. La discoteca estaba dividida en subespacios o ambientes. Podías sentirte impropio en todos. Primero estuve en uno normal, ecléctico, entre Despacito y Wonderwall. El paso de las horas hizo que mi presencia allí fuera grotesca (ficus monorrítimico), así que decidí moverme. En el piso de abajo había dos salas que eran dos épocas. Una de música discotequera antigua, “máquina”. Había media entrada, muchos de esos muchachos llamados “canis”, antiguos bakalas. Las chicas bailaban haciendo un “pimpam” imaginario. Como si filetearan pechugitas de pollo sin parar. Eran gestos ostensiblemente antiguos, casi paródicos. Era una máquina del tiempo. La “mákina” se había convertido en remember. No es que apareciera la nostalgia en forma de emoción, la emoción allí era imposible, pero todo era conocido. Esa música son mis Pekeniques. Mi Fórmula V. Nunca vimos la música de la Ruta por su importancia tecnológica. Nos enseñó algo robótico. Una despersonalización por la tecnología. Como una preparación de lo que vendría después. Con el tiempo veo a esos bakaletas de entonces como pioneros de algo. Pero todo se lo ha llevado la Movidita de los pijos ripiosos y el madrileñismo cómo-molo.
 
El espacio, que en otro tiempo me hubiera parecido hostil y muy químico, “sustancioso”, se transformó en ternura para mí por comparación con la otra sala, muy distinta de música y público.
El aforo en la otra era extranjero y muy rico en razas. Más dinero. Más droga en los ojos quizás. Los Erasmus y turistas habían merecido la organización de una discoteca internacional. Gran ambiente europeísta. Estaba lleno, y en los altillos, hombres con aspecto iraní miraban como proxenetas a las bailarinas. Miraban como presos eligiendo pimpollito en las películas de cárceles. No había “mákina”, lo predominante era el hip hop, unos ritmos que consiguieron el entendimiento universal: rimas en árabe muy celebradas (de inspiración francesa), las clásicas americanas y el tradicional perreo latinoamericano. Fue aquí cuando lo vi claro. El ambiente era anglosajón, internacional, pero algo propio, cercano, se imponía. Porque lo que generó la histeria completa fue el trap. Perdido catetamente en el océano del hip hop internacional, sólo el trap me rescató. Cuando el dj hizo remezclas de Pure Gang el público enloqueció. Las muchachas restregaron sus pelvis contra todo. Parecían novicias namibias. Eran más “bitches”, querían ser más bitches todavía. Eran la personificación de ese personaje poético que es la “yung bitch”. Los anglosajones mascaban el tema con ganas, pero con dificultad. De un modo acartonado. Algo se les escapaba. El “bitches” sonaba español. Los árabes apreciaban el ritmillo meridional y el subtexto polígamo. Esa música es mucho más importante que Los Planetas en su tiempo. Más importante incluso que Taburete. El Trap mezcla hip hop con un “animus” caló, una proyección claramente quinqui, pero lo mejor es que su influencia latinoamericana lo hace “perreable”. Es gangsta latinorro caló. Una mezcla de sonidos que en su marginalidad resultan universales. La energía no sigue la habitual verticalidad del rapero-metralleta. El sonido es internamente latino, y esto genera una energía distinta. Se baila hacia abajo, hacia la tierra.
 
El machismo del reguetón paradójicamente incluye a las mujeres. Ellas son poderosas. Retan, conocen su importancia definitiva. Tina Turner, autora del protoperreo, primera apuntadora del movimiento, parecería Julie Andrews (Tina Turner… ¡pero qué antiguo!). Las chicas Stereolab de mi juventud eran asexuadas, frías. ¿Por qué nací en esa época absurda?). El grunge, creo que fue el grunge, arruinó sexualmente la música. ¿Qué se puede esperar de una generación que idolatraba a Winona Ryder? Me acordé de aquel verso de Larkin. El sexo se inventó en 1969, demasiado tarde para mí. Entre el landismo y el trap, cuánta farsa hubo que protagonizar… La sala sudaba. “Pijas de mi ciudad·” pegaban a ingleses (gran regocijo), miraban droga, enaltecían al macarra, el discurso rapero del drogata. Bailaban como los hombres, pero sobre los hombres, con una sensualidad boricua.

En el trap se mantiene el yo con bling bling del gansta, pero enriquecido con algo latino que se convierte en baile. Las dos cosas son “importadas”, sorprende un poco, pero se han incorporado plenamente. Esos jóvenes están a otra cosa. Sentirse mayor ante eso no es difícil, pero tiene algo generoso, integrador. Te sientes rápidamente uno de la banda de Yung Beef, de los que salen detrás en sus vídeos montando una bici coja. Por fuera sería el señor Hulot. Tati en una discoteca. Por dentro, me llevaba un flow macarra. Todos nos mirábamos como si fuésemos a sacar la pipa, pero sacábamos el móvil. En plan “Me escribe mi dealer”. Deseé tener algún diente menos, y deploré mi camisa remangada. Qué aspecto de cretino. Hubiera ido tan bien con camiseta de pollero…

Villar

Chanclas anti-levante
Te afirman en el suelo, pero descubren  las pedestres impurezas

Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Lo de Villar me pilló en Barbate huyendo del infierno cordobés. Lo del primer día. Me lo dijo el “Denia” cuando me senté en la hamaca después de mis kilómetros reglamentarios pisando una arena que alguien trajo del Paraíso. “Con ése no hay Levante que pueda”, me atreví a decir, convencido de la inviolabilidad del eterno presidente de la FEF.  Ha resultado que sí. Que los vientos erosionan y dejan inmundicias al descubierto.

        Ángel María Villar  Llona, el presidente de nuestra Federación, creo que allá en los 80  empezó con buenas intenciones, pero como suele ocurrir a partir de ciertos niveles, al olor de los millones y con la llegada de abogados y tesoreros duchos con los que es obligado tener amistad, el hombre torció conciencia e inclinaciones y, como además la UEFA y la FIFA, las autoridades a las que estaba obligado, le permitieron y aplaudieron actuaciones vergonzosas a ojos de mentalidades inocentes como las de un servidor, se quedó a vivir en un castillo viciado al que consideró de su propiedad.

     Creo que los que le fueron pudriendo son aquellos que eligió como generales. Los Samper y sus influencias. Los Padrón y sus tentáculos. Personajes habilísimos en colocarse donde hay y que imagino se presentaron como amigos del fútbol. Yo veía a Samper y decía "malo". A Padrón, y "remalo". ¡¡Que dos familias!!

     La verdad, no sé qué decir, porque todo era más que evidente. Partidos amistosos de la Selección en América con futbolistas a los que pagan otros ¿a santo de qué? El inquisitorial control sobre el voto de las territoriales a las que se amenazaba con negar dineros necesarios o se hacían llegar “bufandas” no presupuestadas como gestos de buena voluntad. ¿Y qué decir del terror de los árbitros cuando su Federación tenía un año de tibieza con el presidente Victoriano?  “En Primera siempre hay árbitros cántabros, tinerfeños y asturianos. Cuando Samper, también murcianos”, le contará cualquier árbitro al que usted pregunte. Y luego los modos del último período. Miraba como un amargado, se movía como un amargado y hablaba como un amargado. Un amargado irracional y despótico que llevaba la culpa en cada arruga del rostro.

    Creo sinceramente que en la FEF pasa lo mismo o parecido que en muchas, y soy indulgente,   Federaciones de Fútbol del Mundo. Y lo creo porque no hay  mundo que mueva más dinero que el del fútbol, si exceptuamos  el de la droga y  tengo la certeza que hay lugares a los que siempre va el mismo tipo de gente. Havelagne, Grondona, Platini, Blatter, Villar... no son accidentes. Son la lógica de unos tiempos ante los que quizás sobran  leyes y demasiado hipócrita escandalizado por no jugar  donde juegan  otros y falta voluntad en la regulación y control de lo que siempre corrompió, corrompe y corromperá: el dinero.

La empatía



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La empatía mariana como bálsamo de Fierabrás para los males de España es inseparable del tancredismo desglosado por Bergamín en 1934 (“al recuerdo de Ignacio Sánchez Mejías”).

Hablamos del célebre sugestionador de toros don Tancredo López, firme en su pedestal de medio metro de altura (¡esa vicepresidencia!) ante un cinqueño de Miura.

A raíz del 98 (¡ese 78!), en el mismo momento en que se acusa la caída de un Estado secular, y hasta de su historia, levanta ante nuestros ojos atónitos la imagen sorprendente de Don Tancredo.
Él nos lo dice todo (“¡la empatía!”), como un filósofo. Por eso don Tancredo López, el Rey del Valor –se nos dirá–, era, sencillamente, un pobre hombre. Su paradoja: haber encontrado el secreto del valor aparente en la misma inmovilidad del mayor miedo. Tenía la particularidad, tan española, de querer ganarse la vida sin hacer nada. Y empieza por quedarse quieto: así se encara nuestro hombre con el destino y lo desafía. Pero (así empieza el tancredismo) esta voluntad de no hacer nada se hace, positivamente, una voluntad de no hacer. Tancredo López, al subirse al pedestal, se transfigura (¡silencio, gitanas!) en Don Tancredo. El senequismo español (¡silencio, tertulianos!) elevado al cubo.

Muchas veces hemos oído decir a estos tancredistas: aquí lo único que hace falta es orden, autoridad; que para ellos es simplemente inmovilidad; y por eso lo expresan exactamente cuando exclaman: ¡que no se mueva ni una rata!

Se ha llegado hasta querer tancredizar las crisis políticas: es decir, a tancredizar un régimen de crisis política más que una crisis política de régimen. ¡El tancredismo constitucional de España!
Don Tancredo no quiere nada; porque lo quiere todo: quiere vivir y no vivir; morir y no morir; quiere, en definitiva, su tancredismo: cruzarse de brazos y esperar.

–(Frente a la sedición)… apostamos por la empatía.

Don Tancredo era el hombre verdaderamente curado de espanto. Fue derribado por el miura “Zurdito”.

Sábado, 22 de Julio

Valle de Esteban

Por ende fingime la Esfinge Tebana,
Y dentro de cifras propuse verdades:
Maguer sean obscuras por ellas sepades
Que las sus palabras non es cosa vana.
Libro del Candado

viernes, 21 de julio de 2017

Polonia

Saint-Just


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

A frau Merkel se le va de las manos el Reich, y nos faltaba por ver a Alemania dando lecciones de “valores europeos”… ¡a Polonia!, que se los ha llevado todos en el lomo.
Sin salirnos del siglo XX, los “valores europeos” son el fascismo y el comunismo, como saben los polacos, que son, ciertamente, católicos practicantes, y han dado muy malos ratos a los comunistas con Juan Pablo II y Lech Walesa.
Un periódico brutal advierte que la UE dejará sin voto a Varsovia… “si se consuma el control político del sistema judicial”.

Políticamente, la UE es un Estado de Partidos organizado por un ejército de ocupación (el americano, felizmente), e ideológicamente, el relativismo cultural propagado por la Cía mediante el Congreso por la Libertad Cultural de Michael Josselson.

Y ahora, conectamos en directo con la guerra fría de la cultura –fue el gag de la BBC.

¿Por qué ha de ser Polonia la primera nación que adopte como refugiado a Montesquieu en Europa, donde nunca ha estado… ni se le espera?

Este cinismo europeísta viene desde los días en que la Revolución francesa decidió imponer sus trolas más groseras.

La Declaración de los Derechos del Hombre de 1789 establece que la nación que no separe los poderes carece de libertad y de Constitución. Mas el 6 de abril del 93 la Convención crea la dictadura ilimitada del Comité de Salud Pública, pero el 24 de del mismo mes todavía el listo, que es Saint-Just (¡el Ángel de la Muerte!), derrama su cinismo en la Convención proclamando que hay que dividir los poderes para que domine la libertad, al modo como los tiranos dividen al pueblo para mandar ellos mismos. Thuriot, actor en los crímenes de la Bastilla que Saint-Just juzga propios de caníbales, niega con sofismas que la dictadura suprima la separación de poderes, aunque el zafio Marat acepta esa supresión apelando al “despotismo de la libertad”. Hasta hoy.

Y ahora viene frau Merkel con que si los polacos fuman.

Vosotros primero, que a mí me da la risa.

Viernes, 21 de Julio

Valle de Esteban

tu blancura,
con enigmas sangrientos salpicada...
Miguel de Unamuno

jueves, 20 de julio de 2017

La tala

8:30 AM

9:30 AM


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La abuela Carmena, esa miliciana que según el periódico gubernamental nos trajo las libertades comuneras, está talando las acacias de mi acera. Llega una grúa, se despliegan los leñadores, talan la acacia y en el tocón clavan este cartel: “Este alcorque será replantado en noviembre”, no aclaran si al tresbolillo o al marco real.

Los árboles temen a los milicianos como si fueran falangistas escondidos –escribe Foxá en el invierno del 38–.Y ya no son las acacias urbanas pacíficos árboles municipales, en cuyos troncos ataban las niñas la comba, sino árboles de bosque, temerosos del hacha y del invierno.
El umbralismo, esa franquicia costumbrista que aún cultivan los patos del aguachirle periodístico, no fue sino un madrileñismo con fanfarria de lucha de clases contra la tala municipal de la derecha con seat 1500 en los bulevares de Madrid. Y yo tengo edad para haber visto a Tita Cervera encadenarse a unos plátanos que Gallardón quería talar en el paseo de Recoletos. Tita, que es baronesa, se puso ruanesca y ante el hacha gallardoní hablaba a los plátanos como una Juana de Arco en su oración postrera:
¡Nos quema el sol de vuestra ausente sombra! ¡Nos habitan la memoria vuestros pájaros!...
A falta de árbol genealógico, la acacia talada era como mi árbol de Guernica familiar, símbolo de las libertades vecinales, incluida la del obligado y natural cumplido del perro, y uno la tenía por su árbol Bo, como el suegro cuáquero de Bertrand Russell llamaba a un roble de su vecindad. En el árbol Bo tuvo Buda las revelaciones de la verdad, y aquel suegro, que era predicador, había perdido la fe.
No se lo diga a mi señora –dijo un día a Santayana, pero no soy cristiano en absoluto. Soy budista.
Ver la acacia subir, con la grúa, al cielo invita a pensar en el “Timeo” (hombre-árbol con las raíces hacia arriba para absorber idealidad). O en que acaso esté uno también municipalmente marcado y señalado su derribo.

El caso es que nadie boicotea la tala.

Jueves, 20 de Julio

Valle de Esteban

Si estás preparando un humilde caldo de hierbas silvestres, que el asco y el desdén no se apoderen de ti; y, si lo que preparas es un potaje suculento y cremoso, que tampoco tu corazón se ponga a dar brincos de alegría.
Dogen, Instrucciones al cocinero zen

miércoles, 19 de julio de 2017

El chupito

Periquito que vola, periquito a la cassola


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Una tertuliana de la segunda dinastía egipcia se encampana en la TV del Estado contra las amenazas de Trump a Maduro:

¿Es que quiere cargarse el diálogo? –pregunta, entre vendajes, con ese tufo de Agencia Tass de todo lo internacional en España.

El tufo Tass cumple lo que Revel llama cuádruple función de la ideología: instrumento de poder, mecanismo de defensa contra la información, pretexto para sustraerse a la moral haciendo el mal con buena conciencia y medio para prescindir del criterio de la experiencia.
En lo internacional, los productos de nuestra Academia compiten con las fresas de Lepe y los raf de Almería: “guerrilla”, “cojones” (Truman Capote en “A sangre fría”), “tortilla”, “gilipollas” y, ahora, “de la ley a la ley”, ese chupito jurídico, mezcla de Torcuato y Kelsen, que, tomado al pie de la letra, causa estragos, como sabían Rubio Llorente y, sobre todo, García Pelayo, estudioso de Schmitt y quien no por nada murió en Venezuela, donde Maduro ya compara el plebiscito de la MUD (jurídicamente, una encuesta de la oposición para derribar un hamponato) con el referéndum de Cataluña, donde Pere Soler, el Patton de los Mossos, ha traducido al catalán el dictum “de la ley a la ley”:

Periquito que vola, periquito a la cassola.
Al pie de la letra, el birlibirloquesco “de la ley a la ley” hace que el poder constituido se convierta en poder constituyente, y que le vayan dando al abate Sieyes, pues de lo que se trata es que la manteca no cambie de manos, una vez echado a perder el régimen, con el miedo de los que están a los que vienen y la codicia de los que vienen por los bienes de los que están. Es el chupito que se toman los sediciosos catalanes para poner la urna, los hampones de Maduro para montar su Constituyente y los lúseres de la MUD para leguleyear con su encuesta.

Mientras, “Newsweek” fantasea con que Hillary es presidenta: “Who runs the world?”, pregunta Hillary. “Girls –le responde Huma Abedin–. Girls run the world”.

Miércoles, 19 de Julio


El amor pisó el olvido.
De sue huella
nace un río...
Emilio Prados

martes, 18 de julio de 2017

Los besales



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Macron no tiene hijos, gracias a lo cual ha tenido tiempo para hacer su gran descubrimiento desde el “pienso, luego existo” de Descartes, que concibió el “racionalismo” en un sueño:

No se puede luchar contra el terrorismo sin luchar contra el cambio climático.
El descubrimiento de Macron (“hace calor, luego me voy a la yihad”) remata la campaña mundial contra los signos de vida: primero el periódico global advierte que luchar contra el cambio climático es no tener hijos, y luego la revista “Time” enseña que no tener hijos es la mayor felicidad de una pareja. Ojo, pues, con las aventuras veraniegas, no vaya uno a ligar con una turista sueca y acabar, sin saberlo, justificando a la Tigresa, que ya anda suelta por la calle.
El hipocondriaco José Luis Cuevas, para celebrar un alta médica hizo la exposición “Signos de vida” con fotos gigantescas de su persona, llamadas “los besales”, para que fueran besadas por las mujeres que acudían, y dejaran estampados sus besos, matizados por los “rouges”. Y un cuadro, “Semen de artista”, que consistía en un frasco con su propia semilla junto con un autorretrato. Y una proposición artística para festejar su salud recobrada:

Era la invitación, muy seria, a que cincuenta mujeres se dejasen embarazar por mí, en una especie de apoteosis del arte vivo. Y se colocó una libreta para que las mujeres interesadas en ese arte anotasen sus nombres. Y arriba, en la propia galería, se instaló una gran cama para la ceremonia creativa.
A José-Miguel Ullán le confesaría que, al término, “no hubo edición propiamente dicha, y me conformé con las pruebas de artista”.

Treinta años después, las fantasías narcisistas de Cuevas vienen al pelo de las verdades científicas de la “prensa seria”, ese “Time” que en el 83, cuando Reagan invadió Granada sin su permiso, pero con el apoyo popular, se preguntó cómo los medios habían podido suscitar contra ellos tan profundo resentimiento del público (“far ranging resentment”).

Martes, 18 de Julio

Valle de Esteban

Lo más bello que dejo es la luz del sol; lo segundo, las estrellas brillantes y la faz de la luna y, asimismo, los higos maduros y las manzanas y las peras.
Praxila de Sición