martes, 1 de mayo de 2018

Lynch

El Konsenso soberano


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Un español que cumple con su deber laboral a riesgo de perder fama y hacienda (su carrera profesional) escandaliza en la España del Konsenso soberano como la salud en un hospital, además de herir la sensibilidad de nuestro Madiba, Otegui, gudari del feminismo etarra (¡oh, Yoyes, Irene, Silvia…!) que en la atardecida del día 3 de julio de 1979 fue a punta de pistola por el diputado Cisneros, redactor de la Constitución, en la madrileña calle Lope de Rueda, 55, se supone, visto lo visto de estos sexadores de pollos, que por su condición de varón.

Donde hay poca justicia es un peligro tener razón –nos dejó avisado Quevedo.
Todo el peso del Konsenso soberano ha caído sobre el juez del voto particular (folios y folios de razonamientos que en la prensa, salvo Hughes, que tiene voluntad de opositor, nadie ha leído) en la sentencia de La Manada, que nos devuelve al gallinero de los tres jueces de don Rodrigo Calderón (Corral el Bueno, Contreras el Malo y Salcedo el Indiferente).
En el telediario de una telesentina “konsensual” se le afea al juez de Pamplona su manía de dar más importancia a las pruebas que al golpe de vista (¡el veredicto social!), vestigio, sin duda, de lo que Albornoz describió como “agudo sentido jurídico de los peninsulares” por obra de la “pax romana”, regida por la ley, y ya sabemos por Carmen Calvo que los romanos eran unos fascistas tremendos.

El Konsenso soberano, que nos tiene en estado de excepción constitucional con un gracioso artículo de Groucho Marx, no abreva en el Derecho romano, sino en la catequesis socialdemócrata de Habermas, que practica la versión socioliberal de la virtud, que hace “del discurso moral, agitación; de la mera sospecha, juicio; y de la denuncia, linchamiento moral”.

El sindicalismo vertical se echará hoy a la calle contra el español que trabaje, pero el Konsenso soberano ya se echó al monte detrás del alienista Catalá con un “Hosanna, hosanna” (¡bendito el que viene en nombre del Señor!) al señor Lynch.